La Cautiva - Esteban Echeverría



Fragmento

Allí está su amante herido,

mirando al cielo, y ceñido

el cuerpo
con duros lazos,
abiertos en cruz los brazos,

ligadas manos y pies.

Cautivo está, pero duerme;

inmoble, sin fuerza, inerme

yace su brazo invencible:

de la pampa el león terrible

presa de los buitres es.



Allí, de la tribu impía,

esperando con el día

horrible muerte, está el hombre

cuya fama, cuyo nombre

era, al bárbaro traidor,

más temible que el zumbido

del hierro o plomo encendido;

más aciago y espantoso

que el valichu rencoroso

a quien ataca su error.


Allí está; silenciosa ella,
como tímida doncella,

besa su entreabierta boca,

cual si dudara le toca

por ver si respira aún.

Entonces las ataduras,

que sus carnes roen duras,

corta, corta velozmente

con su puñal obediente,

teñido en sangre común.


Brian despierta; su alma fuerte,

conforme ya con su suerte,

no se conturba, ni azora;

poco a poco se incorpora,

mira sereno, y cree ver

un asesino: echan fuego

sus ojos de ira; mas luego

se siente libre, y se calma,

y dice: -¿Eres alguna alma

que pueda y deba querer?


¿Eres espíritu errante,

ángel bueno, o vacilante

parto de mi fantasía?

-Mi vulgar nombre es María,

ángel de tu guarda soy;

y mientras cobra pujanza,

ebria la feroz venganza

de los bárbaros, segura,

en aquesta noche obscura,

velando a tu lado estoy:

nada tema tu congoja.-



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