Las "Notas sobre Facundo" de Ricardo Piglia


Una de las obras más importantes del cánon de la Literatura argentina del Siglo XIX es, sin duda, el Facundo de Domingo F. Sarmiento. Muchos le han dedicado páginas a esta obra sarmentina y su planteada dicotomía civilización-barbarie. Entre ellos, quien ha cambiado la lectura de este clásico ha sido Ricardo Piglia con sus "Notas sobre Facundo", artículo publicado en la revista "Punto de vista".

Piglia comienza este artículo comentando que "pocas páginas dicen tanto sobre la situación de la literatura argentina como el comienzo del Facundo", haciendo referencia a la frase en francés con la que se abre el libro: On ne tue point les idées. La anécdota de esta frase nos la cuenta el mismo Sarmiento en la Advertencia del autor:

"A fines del año 1840, salía yo de mi patria, desterrado por lástima, estropeado, lleno de cardenales, puntazos y golpes recibidos el día anterior en una de esas bacanales sangrientas de soldadesca y mazorqueros. Al pasar por los baños de Zonda, bajo las armas de la patria que en días más alegres había pintado en una sala, escribí con carbón estas palabras: "On ne tue point les idées (Las ideas no se matan)".
El gobierno, a quien se comunicó el hecho, mandó una comisión encargada de descifrar el jeroglífico, que se decía contener desahogos innobles, insultos y amenazas. Oída la traducción, "¡y bien! -dijeron-, ¿qué significa esto?...".

Una anécdota, para Piglia, cómica y patética de un hombre que se exilia y huye, "abandona su lengua materna del mismo modo que abandona su patria". Un hombre que deja también su marca y que impone su diferencia y su distancia, ya que escribe para no ser entendido. Piglia nos dice que en ese uso del francés hay información tanto del lugar del escritor como de la colocación del público. Estaríamos, entonces, frente al núcleo de la obra: "la oposición entre civilización y barbarie se condensa y se resumen en esa frase donde está en juego la traducción." Una oposición que se cristaliza en el contraste de quienes pueden y quienes no pueden leer esa frase que está en otro idioma y, a su vez, esta lengua se identifica con la civilización, con las "luces del siglo" y son los letrados quienes pueden manejarla. El manejo del francés en esta frase define, según Piglia, una de las claves de la literatura argentina. A todo esto, Piglia agrega y destaca la importancia de la formación intelectual de Sarmiento, para el cual "saber leer es saber leer en otro idioma".
No hay que olvidar, insiste Piglia, que esa consigna escrita por Sarmiento es una cita. En este sentido podríamos decir que Facundo es la historia de las citas, referencias y alusiones culturales que sostienen y respaldan la autoridad del escritor. Más aún, el libro parece estar al servicio de estas citas, como si hubiera sido escrito para hacerlas conocer y comentarlas. Sarmiento hace avanzar su escritura de cita en cita y en este trayecto se traman los argumentos: según Piglia, esa sería la esctructura de la obra. Ahora bien, como bien él comenta, el libro no sólo se pone al servicio de estas citas sino que también las usa, se las apropia y pasan a formar parte del texto. Se refiere al modo en que Sarmiento traduce la frase que abre el libro: On ne tue point les idées se transforma en A los hombres se degüellan, a las ideas no. En la traducción la frase se "nacionaliza" y pasa a ser, de hecho, un texto de Sarmiento. Las ideas europeas son transformadas para que se adapten a la realidad nacional. Entonces, "la traducción funciona como transplante y como apropiación".
El sistema de referencias culturales en Sarmiento, Piglia lo define como ostentoso y excesivo. Pero a la vez, "ese manejo lujoso de la cultura como signo de la civilización está corroído, desde su interior, por la barbarie". Lo que le interesa destacar a Piglia es un dato típico de Sarmiento: "en el momento en que la cultura sostiene los emblemas de la civilización frente a la ignorancia, la barbarie corroe el gesto erudito". Habría marcas de un uso que él señala como salvaje de la cultura (barbarismos), y que en Sarmiento proliferan.
Por otra parte, la erudición le sirve a Sarmiento para establecer el enlace entre términos que, a primvera vista, no tienen relación alguna. Entonces, todo adquiere sentido si es posible reconstruir las analogías entre lo que se quiere explicar y otra cosa ya previamente juzgada y escrita. Las analogías y equivalencias proliferan en el Facundo desde el comienzo del libro, explícitamente, sostenidas en una cita francesa que se refiere a la similitud de las llanuras asiáticas con las llanuras pampeanas. La comparación se apoya en la lectura. Sarmiento, en una cita, expresa que siempre ha tenido la preocupación de que el aspecto de Palestina era parecido al de la Rioja. Pero Sarmiento no conocía Palestina, de manera que ese saber fue otorgado por la lectura, espicificamente, aquella que menciona en el primer capítulo el epígrafe que lo encabeza (Roussel, Palestine). Al mismo tiempo, agrega Piglia, si se compara lo conocido con lo desconocido es porque este último ya ha sido juzgado y definido previamente por el pensamiento europeo. A la inversa, Piglia nota que la comparación con Europa ocupa el lugar de la utopía. La civilización y la barbarie tiene cada una sus propios términos de comparación:"si el Oriente o la Edad Media son el pasado o el atraso como presente de América, Europa (o Estados Unidos) es el futuro de la Argentina". No es casual, comenta, que cuando Sarmiento utiliza este esquema "positivo" de comparación los verbos estén siempre en futuro.
En el proceso de las analogías habría que ver uno de los fundamentos ideológicos de la obra: "la lógica de las equivalencias disuelve las diferencias y resuelve las contradicciones". Sarmiento, entonces, definiría y argumentaría por analogía porque construye un sistema donde comparar ya es definir y juzgar. Por lo tanto, más que demostrar se trata de mostrar las semejanzas. De esta manera la estructura de Sarmiento tiende a ser exhaustiva, porque no quiere dejar residuos: todo debe ser explicado.
Por último, Piglia escribe: "Si la semejanza permite enlazar y asimilar situaciones, sociedades y épocas distintas es porque lo que sostiene la identidad es una relación de determinación. Comparar es establecer el orden de las causas en el desorden del mundo". Se comparan términos diferentes entre sí porque se intenta demostrar que algo en común los determina. Entonces, la analogía vendría a probar una "equivalencia secreta". Ese orden de las formas y de las semejanzas, que vienen a establecerse en el desorden del mundo, se encuentra siempre amenazado por la tautología, la abstracción, la contradicción y el vacío.
Los puntos de comparación pueden extenderse. Así pues, "todo se parece a todo, pero a la vez todo se diferencia". Estas analogías, su misterio y fascinación, irrealizan el texto al mismo tiempo que lo clausuran. En este procedimiento es donde dice Piglia que debemos buscar la base para analizar el Facundo en su carácter literario.


Fuente: Piglia, Ricardo, "Notas sobre Facundo" en Punto de vista, Año 3, Nº8 Marzo-Junio, 1980.


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