En El extranjero, Meursault, es el protagonista que Albert Camus coloca en una cotidianidad mediocre, donde como empleado no se rebela de ningún modo contra ella, acepta sus servidumbres y realiza actos del conformismo social. Pero toda esta pasividad es asumida por Meursault en un estado de indiferencia ante las razones del mundo. Como bien señala Ronald Barthes[*], el mundo se convierte en objeto de una mirada, y esto es lo que el mundo no puede tolerar.
Camus nos ofrece un acto puro, inconsecuente, bastante sólido para exhibir una sumisión al absurdo del mundo y lo bastante breve para hacer detonar un repudio a comprometerse en justificaciones de ese absurdo. Lo que es absurdo no es el mundo, aclara Camus, sino la confrontación y la relación. Meursault cuestiona al mundo a cada rato. Las consecuencias de la rebeldía o de la rebelión son la libertad. Y esto lo vemos en este personaje: es un hombre libre. Vive cada instante. Otra consecuencia de ese ser libre es la indiferencia, señala Camus. No tiene principios ni valores morales, está disponible para todo: no elige ni tampoco rechaza.
Meursault no es ni actor ni moralista, dice Barthes: “no discurre sobre lo que hace; efectúa los gestos de todo el mundo, pero esos gestos familiares, están privados de razones, de coartadas, de modo que la brevedad misma del acto, su ‹‹falta de brillo››, es lo que revela la soledad de Meursault”. Tampoco se incorpora en el juego social; es insumiso a las convenciones, no espera nada de nadie, guarda sus emociones, vive atento al momento que pasa.
Extranjero en la tierra, extranjero de sí mismo. Estamos frente a una obra existencialista que plantea cuestiones sobre la identidad y sobre la idiosincrasia del ser humano. Esta novela le ha dado la fama a Albert Camus, y es su novela capital. Un libro que no se puede pasar por alto.
[*] BARTHES, Ronald. "El Extranjero, novela solar".




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