Los Prefacios de Racine y el postulado de una teoría sobre la tragedia, el personaje y las reglas de las tres unidades

Jean Racine (1639-1699)
En sus Prefacios[1], Racine expone una visión de la tragedia como la imitación de una acción completa, en la que concurren varios personajes. Así lo indica en el Prefacio a Británico (1669): “dicha acción no está terminada hasta que se sabe en qué situación deja a esos mismos personajes”. En el Prefacio a Berenice (1671), Racine habla sobre la sencillez de esta acción. Cita a Horacio: “que aquello que hagas sea siempre sencillo y tenga unidad”. Hace tiempo que Racine quería tratar de hacer una tragedia con esa sencillez de acción que fue tan del gusto de los Antiguos. Además, la tragedia debe tener verosimilitud para poder emocionar, por ello la acción debe ser sencilla. Para Racine no es necesario que haya sangre y muertes en la tragedia, sólo basta con que la acción en ella sea grande y que los actores sean heroicos, que las pasiones sean exaltadas. En este mismo Prefacio, Racine deja en claro la regla principal de la tragedia que sostendrá en un principio: “la de gustar y emocionar. Todas las demás sólo están hechas para llegar a esta primera”. Podemos ver una aproximación a lo que luego expondrá Boileau en su Arte Poética (1674)[2], ya que para el mismo, “de nada sirve desarrollar sabiamente una escena, si la atrayente pasión no nos llena suave terror con su hermoso movimiento, o no excita en nuestra alma la encantadora piedad”. Según Boileau, el secreto está en agradar y conmover desde un principio, por lo tanto, hay que buscar recursos para cautivar. Una aproximación más evidente al Arte Poética de Boileau la encontraremos en el Prefacio a Fedra (1677), donde Racine expresa que la tragedia debe resaltar la virtud y reprimir las pasiones. Éstas deben exponerse ante los ojos de los espectadores para mostrar todas las perturbaciones de que son causa. Este es el fin que todo hombre que trabaja para el público debe proponerse, dice Racine. Por su parte, Boileau, señala que el autor para agradar debe ser siempre fecundo en nobles sentimientos. Por lo tanto, para Racine es importante el gustar y  emocionar, pero ante todo, la tragedia debe resaltar la virtud.
En relación con esta virtud del héroe de la que habla Racine, Boileau menciona que para agradar justamente hay que elegir un héroe apto para despertar el interés, espléndido por su valor y grande por su virtud. Racine trabaja con personajes trágicos que no deben poder ser reconocidos por el público, como bien menciona en el Prefacio a Bayeceto (1627), ellos deben ser vistos con ojos distintos de aquellos que miramos generalmente. En el Prefacio a Andrómana (1667), Racine se basa en Aristóteles: el héroe no debe ser perfecto, no debe ser ni del todo bueno porque “el castigo de un hombre de bien excitaría más bien la indignación que la compasión del espectador”, ni del todo malo, ya que “no se siente lástima de un infame.”Conviene que tengan una bondad media, dice Racine, es decir, con una virtud capaz de flaqueza. En el Prefacio a Británico vuelve a mencionar que el héroe, lejos de ser perfecto, debe poseer alguna imperfección. Boileau, por su parte, señala que “todo en él, hasta los mismos defectos, ha de ser heroico, y sus hazañas, sorprendentes, y dignas de escucharse”. Los personajes de Racine avanzan, en debate agónico, hacia la destrucción; a solas consigo mismos, como aislados del mundo en el que, sin embargo, están inmersos. Provocan terror y compasión, no son del todo culpables ni inocentes. Racine ha procurado hacer a Fedra menos odiosa de lo que era en las tragedias de los Antiguos, en las que decide por ella misma acusar a Hipólito. Como se menciona en el Prefacio a esta obra, Racine ha seguido un camino algo diferente de Eurípides. Fedra no es ni del todo culpable ni del todo inocente. En ella hay sentimientos nobles y virtuosos. Por ello la decisión de poner la calumnia en boca de Enone, nodriza y confidente de Fedra, para quien tal bajeza consideró más oportuna. Con respecto a Hipólito, el acusado, en la Fedra de Racine, no es acusado de violación sino de haber tenido el propósito de hacerlo. Racine nos dice que ha querido evitar a Teseo una vergüenza que hubiera podido hacerle menos simpático ante los espectadores. Boileau afirma que el héroe debe ser virtuoso pero que debe poseer flaqueza en su corazón, para que pueda ser reconocida con placer su naturaleza. Además, incita a conservar el carácter propio de cada uno de los personajes. Racine se aleja un poco en este punto, bien podemos verlo en lo mencionado en el Prefacio a Fedra, ya que se ha servido de algunos cambios en sus personajes con el fin de resaltar la virtud, conservando, al mismo tiempo, la verdad de la historia y sin perder los ornamentos de la fábula. 
Racine sostiene que la obra debe acercarse a lo natural y alejarse de lo extraordinario. En el Prefacio a Británico, expresa que “en vez de una acción simple, cargada de poco materia, como debe ser en una acción que transcurre en un solo día y que, avanzando gradualmente hacia su fin, sólo es sostenida por los intereses, los sentimientos y las pasiones de los personajes, habría que llenar esa misma acción con una gran cantidad de incidentes que sólo podrían ocurrir en un mes”.  Por su parte, Boileau indica que ya desde los primeros versos, la acción debe estar preparada para asentar sin esfuerzo el camino del asunto dramático. La acción, según Boileau, debe ser tratada con arte: “que, en un solo lugar y en un solo día, un acontecimiento único y completo mantenga al teatro colmado hasta el final”.  Hay una relación que se establece entre la verosimilitud y las reglas de las tres unidades. En el Prefacio a Berenice, Racine señala que lo verosímil en una tragedia emociona. Boileau exige que nunca se presente al espectador algo increíble. ¿Por qué razón? Lo verdadero suele ser a veces no verosímil. El espíritu no se deja conmover por algo que no cree, señala en su Arte Poética.
Boileau insiste en que la acción debe marchar donde la conduce la Razón, sin extraviarse jamás en una escena vacía. En Atalía (1691), Racine ha tratado de imitar de los Antiguos esa continuidad de acción que hace que su teatro no quede nunca vacío. No debe llenarse la acción de incidentes, ya que iría en contra de la regla de la unidad de tiempo y, a su vez, haría inverosímil tal acción. En el Prefacio a Berenice, Racine expresa que algunos han creído que una tragedia tan poco cargada de intrigas no puede haber sido compuesta siguiendo las reglas del teatro: “Hay algunos que creen que esta sencillez es prueba de falta de invención”. Pero Racine no está de acuerdo con esto, podemos así comprobarlo en sus tragedias. Más aún, mostrará que la observancia más estricta de la doctrina clásica no es obstáculo para crear sus obras.

Bibliografía:

[1] RACINE, Jean. Seis Tragedias. Madrid: Ediciones Alfaguara, 1983.
[2] BOILEAU, Nicolás. “Canto Tercero”. En Arte Poética. Edición Bilingüe, Editorial Clásica, [lugar no dat.]

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